Centenario de Luis García Berlanga

                                               Luis García Berlanga AGENCIA EFE / MD
 
Mario C. Gentil / 08.12.2022
 

Da este blog de cine sus primeros pasos cuando el año está ya dando sus últimos suspiros. 2021, año del centenario del nacimiento del que es, con permiso de Buñuel, el mejor cineasta que ha dado a luz este país. Con seguridad es el que mejores obras ha dejado en el panorama nacional y el que mejor ha retratado la sociedad española de su tiempo.

Tal es la grandeza de su obra, que hace tiempo que trascendió el cine, dejándonos el término berlanguiano como adjetivo (desde el año pasado admitido por la RAE) para esas situaciones corales que van desde lo esperpéntico, lo caótico, lo absurdo y delirante, y hasta cierto punto surreal, pero que tienen una rotundidad realista absoluta, pues ocurren a diario en cada rincón del país y todos las hemos presenciado en algunos momentos de nuestra vida.

El cine del valenciano (que exprimió las vivencias de su tierra natal) tiene un fuerte eco neorrealista. También tiene un tratamiento de sus diálogos y personajes que nos remiten a Billy Wilder. Pero no es nada de eso, es algo muy propio. Tampoco es la comedia española tradicional de los 40, que pone del revés. Y no tiene nada del cine religioso que le precedía, pues con él lo católico era satirizar el catolicismo. Las figuras eclesiásticas de Bienvenido Míster Marshall (1953), Calabuch (1956), El verdugo (1963), La escopeta nacional (1978) o los argumentos al completo de Plácido (Siente un pobre a su mesa, 1961) y Los jueves, milagro (1957) así lo atestiguan.

La censura mutiló sus obras, coartó sus capacidades, e incluso paralizó en muchos momentos su actividad, pero a pesar de ello consiguió transgredir como ningún otro director de su generación pudo soñarlo, ni siquiera el otro gran director que parió el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas, Juan Antonio Bardem, con el que codirigió su primera película Esa pareja feliz (1951).

Y no solo consiguió esa transgresión satirizando la iglesia, sino retratando grotescamente y haciendo un sainete de todos los estamentos de la deprimente sociedad española. Y pese a ello lo hizo con gracia, con un cariño por los personajes individuales que no destiñe la fuerte crítica a los arquetipos sociales. Y es que parece que Berlanga hiciera cine en negativo, reflejando soledad en el bullicio, dejando un fuerte poso de tristeza en la comedia.

                      Fotografía de un momento del rodaje de ¡Bienvenido Mr. Marshall’

Empezaría haciendo un cine de una velocidad de crucero, de montaje rápido y encadenados constantes que enlazaban escenas y las diferentes partes de sus películas sin que el ritmo decayera. Buen ejemplo de ello son Bienvenido Míster Marshall o Calabuch. Para encontrar su definitivo estilo técnico de grandes planos secuencia a partir de Plácido (con los cuales ya coqueteó antes, pero que desde aquí hace propios). Planos secuencia donde su siempre cine coral alcanzaba su máxima expresión.

No obstante, debo admitir, que la que me parece sin duda su mejor obra, es en la que prescinde un poco de tanto vaivén de personajes entrando y saliendo del encuadre y es en la que hay papeles más jerarquizados, como ocurre en El verdugo.

Pero a partir de Plácido no consiguió sólo estabilizar su estilo técnico, sino que su historias y diálogos adquirieron otro nivel a raíz de su colaboración, que se estiraría para casi siempre en su carrera, con el que probablemente también ha sido el mejor en su campo en la historia de nuestro cine, el guionista Rafael Azcona.

              Manresa (Barcelona), 1961. Luis García Berlanga durante el rodaje de «Plácido»

El estilo narrativo varía también a partir de aquí, pues sus primeras películas tenían un aurea de fábula, con un desarrollo algo más lírico, evolucionando a una narrativa más física con la utilización a veces del tiempo real, pero todas trasluciendo lo mismo, realismo. Y es que habrá una constante en el arco de los personajes Berlanguianos: nunca ven mejorada su situación pese a una esperanza de mejoría. Son historias de una inevitable derrota.

Tampoco podemos dejar sin mérito a sus siempre habituales Pepe Isbert, José Luis López Vázquez, José Sazatornil, Juan Calvo, Manuel Alexandre, Amparo Soler Leal, Agustín González o Elvira Quintillá, entre otros actores y actrices, a los que el director les daba su espacio para que la magia de esa actuación tan aparentemente espontánea surgiese. Pero nada así puede aparecer por descuido, o por casualidad, si ocurre tantas veces y con tanto acierto, si no es porque todo está en gran manera medido por el que los gobierna. No se podía desde luego decir que los dejaba a su suerte, seguro que estaría de acuerdo con esto el actor Franco Fabrizi, que interpretó al “Langosta” en Calabuch, al que llegó a agredir en el rodaje.

Por lo tanto, fue capaz también de hacer cine de máxima altura con actores y argumentos impuestos, ya fueran porque era la única manera de poder rodar algo (Bienvenido Míster Marshall fue una joya que el director se sacó de la chistera de lo que la productora pretendía hacer una obra para el lucimiento musical y promoción de la folclórica Lolita Sevilla), o poque la coproducción con Italia no le permitiera el control deseado (como ocurrió en Calabuch y El Verdugo donde parte del reparto y de los técnicos no fueron escogidos por el valenciano).  

Fue en definitiva un director de talla mundial que, pese a que ahora en España tenemos muy reconocido y podemos ver sus películas con montajes más parecidos los que el cineasta pretendía y la censura la prohibió, no tuvo el éxito comercial de su época, o tampoco le dejaron tenerlo. Sí que tuvo reconocimiento internacional en Cannes, Venecia e incluso una nominación a los Oscars. Pero también tuvo mala crítica, sobre todo francesa, que no era del gusto de ese cine tan coral y difícil de seguir si no eres español, o al menos hispanohablante. No sé si es labor nuestra, o también una labor de revisión internacional, pero hay que subir a Luis García Berlanga donde se merece, al top de directores de la historia del cine.

Obras imprescindibles del autor:

  • Bienvenido Míster Marshall (1953)
  • Calabuch (1956)
  • Los jueves, milagro (1957)
  • Plácido (Siente un pobre a su mesa, 1961)
  • El verdugo (1963)
  • La escopeta nacional (1978)
  • Patrimonio nacional (1981)
  • Nacional III (1982)
  • La vaquilla (1985

Author: Mario Cortez Gentil

Graduado en Historia del Arte. Me gusta hablar y que me hablen de cine, de todas las épocas y países. Tengo un canal de YouTube (CINEMArietismo) donde hablo de mis películas favoritas. Máster de Crítica Cinematográfica en la ECAM. En Festivales y podcast me encontrarás.

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