Andrea Villalón Paredes / 17.11.2025

En 1948, cuando Teresa de Calcuta tenía 37 años, tuvo la audacia de escribir al Vaticano pidiendo formar una orden propia: Misioneras de la Caridad. Durante el metraje seguimos los últimos siete días antes de que esta tuviera una respuesta.
No suelo ser fan de los biopics, y mucho menos de aquellos que se centran en figuras religiosas. No obstante, hay algo único en este filme: la fotografía y dirección artística. Con increíbles uso de intertítulos y fuentes antagónicas a la época en la que se basa, creo que es la única película del Festival de Sevilla que aporta algo refrescante al típico cine narrativo. Se le añaden anacronismos, como una potente banda sonora con la guitarra eléctrica de protagonista.
Dentro de esta explosión audiovisual hay un problema mayor y es la narrativa. Casi todos los biopics, mayoritariamente, los que se basan en mujeres son conflictivos. Escribí un artículo hace unos años sobre cómo se fetichizaba el sufrimiento femenino en dichas historias. Bien, pues este biopic es lo opuesto porque ofrece una versión de una monja un tanto girl boss. María Teresa de Calcuta da un discurso sobre cómo los hombres manejan constantemente el mundo, no da explicaciones, está al mando y hace lo que le place. Hasta aquí todo bien, luego entra una subtrama sobre la moralidad donde creo que los guionistas no han sabido llevar la complejidad del personaje histórico y donde la película decae. Porque, claro, si vas a poner a una mujer llena de ambiciones religiosas, que menos enseñar la corrupción de esto o incluso el daño que causaba a las personas que estaban recibiendo dicha ayuda. Invito a que busquen sobre lo mencionado y por qué el personaje histórico es tan problemático (donaciones que llegaban al Vaticano en lugar de a la causa, la exaltación del dolor para estar más cerca de dios, el complejo del salvador blanco…). Sin embargo, la película se limita solamente a mencionar que tenía una relación compleja con el aborto (estaba en contra).
En el dosier de prensa, la directora, Teona Strugar Mitevska, menciona que tenían una labor como cineastas a la hora de contar esta historia en tiempos como estos, pero personalmente, creo que han fallado y que evidentemente hay un cierto favoritismo por cómo se reconstruye al personaje, porque no salí de la proyección pensando “qué complejo”, sino que más bien era un circo que no concluye de ninguna manera. No obstante, creo que si eres un espectador que solo ve cine por cuestiones estéticas, puede que la película te guste.
