Andrea Villalón Paredes / 20.11.2025

Alice tiene que volver a declarar ante la jueza para defender a sus hijos. El padre vuelve a pedir la custodia. ¿Conseguirá protegerlos antes de que sea demasiado tarde?
En el breve e intenso debut direccional de Charlotte Devillers y Arnaud Dufeys seguimos a una madre durante un proceso judicial. Rodado en tan solo 13 días en la misma localización y con una mezcla de actores profesionales y no profesionales, en una relación de aspecto ajustada y basando toda la fuerza narrativa en el diálogo, se podría decir que es un documental de una obra de teatro.
Ambos abogados no son actores, sino que ejercen verdaderamente la profesión, dándoles la oportunidad a los actores de reaccionar verdaderamente a lo que se está diciendo. Seguimos un tira y afloja que está grabado en secuencias, por lo que hace que la narrativa sea dotada de veracidad y el espectador tenga la sensación de ser partícipe no solo del proceso, sino del dolor de la familia. Todo esto funciona sobre todo por el peso de la interpretación de Myriem Akheddiou, que interpreta a la madre a la perfección.
La película muestra cómo el sistema judicial es demasiado lento y expone a las víctimas a una vulnerabilidad frente al agresor, haciendo que revivan el trauma de los acontecimientos, impidiéndoles pasar página y propone el debate moral de ¿es más importante presuponer que un adulto es inocente o prevenir que los niños sigan sufriendo, aunque quepa la posibilidad de que sea mentira?
En conclusión, creo que es una película social interesante y que aporta por un dramatismo realista al proceso judicial, en lugar de ficticio y complejo, como puede ser el de Anatomía de una caída o Saint Omer. Es una película de solo un visionado, pero que es necesario para comprender este proceso y empatizar con las personas que pasan por él.
