Andrea Villalón Paredes / 21.11.2025

En una misma granja al norte de Alemania, a lo largo de 100 años, las experiencias de cuatro mujeres parecen asemejarse. La memoria retumba y parte con la temporalidad del lugar conectando sus historias.
Sound of Falling es la película contendiente a los Oscars de Alemania y de la que todo el mundo habla tras su paso por el Festival de Cannes. Su apuesta narrativa es quizás de las más novedosas y experimentales de este año, pues se ofrece como una visión onírica.
Personalmente, me encantan los libros donde las autoras revisan acontecimientos de sus vidas, ya sea desde el yo ficticio o desde la autobiografía. El poder de narrar y publicar algo doméstico y privado, que para muchos carece de valor, a veces conecta de forma universal porque las experiencias no son únicas. Un ejemplo de esto es Annie Ernaux o Lidia Yuknavitch con sus memorias. El filme que trata esta crítica es una versión más de estas narrativas, situando como protagonista la granja y la mirada subjetiva de la cámara.
Imagina tener el poder de tocar una pared y saber todo lo que ha pasado en esa habitación. Donde tú te comes un helado, antes fue escenario de la violencia más cruel. El trabajo de cámara en Sound of Falling hace exactamente eso. Es como si la audiencia se convirtiese en un fantasma atrapado en la granja y condenado a visualizar todo lo que sucede. A través de saltos temporales, como si fueran recuerdos, vemos ciertos momentos de la vida de las mujeres de este lugar y, en general, no es bonito. Cada una de ellas sufre de cierta manera bajo la mirada del patriarcado: tradiciones, trauma generacional, abusos… La violencia, tanto física como psicológica, les empuja en una sola dirección donde solo la idea de la muerte parece liberarles. Es bastante interesante ver esta representación de la muerte y del suicidio, pues en otras ocasiones se presenta como algo depresivo, completamente negativo, un último recurso; no obstante, aquí aparece como algo empático, tierno y frágil. El hecho de dejar de existir trae amor y culpabiliza a quienes hicieron daño. Nadie habla mal de los muertos y casi todas ellas se refugian en este pensamiento.
Apostar por una narrativa tan ambigua reduce la percepción del público, pero creo que la idea es interesante y me gustaría visionarla una vez más ahora que comprendo al completo el eje temporal. También he de decir que la historia no está contextualizada y simplemente se tira al espectador dentro de lo que está pasando. Lo que puede resultar en la búsqueda de intención o el mayor desinterés posible. No considero que sea una película accesible y creo que solo un grupo específico va a conectar, aquí algunas palabras clave: Ethel Cain, Lucile Hadzihalilovic, Ingmar Bergman, cine experimental. Simplemente, solo le puedo pedir al espectador paciencia y que se deje llevar. Espero que la disfrute tanto como yo lo hice.
