Andrea Villalón Paredes / 09.11.2025

En 1960, Godard realizaba Al final de la escapada, con poco presupuesto, sin iluminación, con una sola cámara y de manera casi amateur, durante 20 días, el rodaje catastrófico acabó convirtiéndose en una película icónica de la nueva ola cinematográfica francesa. Más de 60 años después, Richard Linklater, el director de la trilogía de Before, realiza un homenaje no solo a Godard, sino al movimiento que impulsó un cambio en el cine francés.
Como si se tratase de una película de Marvel, Linklater pasa el principio de su película introduciendo a todas las personas importantes de Cahiers du cinéma, la revista en la que participaron como críticos la mayoría de los directores del mencionado movimiento, e incluso tiene tiempo para nombrar a Agnès Varda y Jacques Demy. Después de esto, la película pasa al rodaje y a las improvisaciones de Godard, con la típica personalidad insufrible que tenía dicho director, a las que se les añadían las inquietudes de Jean Seberg y la picaría de Belmondo. El director de casting hizo un trabajo espectacular al elegir a los actores; Guillaume Marbeck y Aubry Dullin son la viva imagen de Godard y Belmondo y la interpretación es tan magnífica que nunca se cuestiona la veracidad de los personajes.
El rodaje del filme fue similar al de la película original; en entrevistas, Linklater cuenta cómo el diálogo se hizo de manera más espontánea. El formato y relación de aspecto también cuenta con el mismo que Al final de la escapada. 35 mm en blanco y negro y con imágenes que son grabadas con cámaras portátiles. Nouvelle Vague es, al fin y al cabo, un homenaje, no aporta nada nuevo, ni en su manera de rodar, ni en contar la historia, y tampoco atrae a un público nuevo a descubrir el cine francés de los años 60. Es una película hecha para los amantes del cine y se queda simplemente en eso.
